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En plena crisis, el chavismo prepara a un sucesor aún más radical que Nicolás Maduro

06 febrero, 2017

El presidente se debilita y Tareck El Aissami, su flamante vice y líder de una de las cuatro facciones que gobiernan Venezuela

No pasarán. El chavismo decidió parapetarse en las trincheras del Estado y está dispuesto a todo para defender sus posiciones. Enterradas las tenues esperanzas de apertura que había despertado el diálogo político en los sectores moderados de la oposición, el Gobierno dejó en evidencia el verdadero sentido de su jugada.

Primero abolió el derecho constitucional a realizar un referéndum revocatorio que lo habría obligado a dejar el poder. Después suspendió por tiempo indefinido las elecciones regionales que estaban pautadas a fines de 2016, para evitar una derrota estrepitosa. Finalmente, eligió a alguien más radical que Nicolás Maduro como vicepresidente, y ahora lo perfila como líder de una versión más extrema de la revolución bolivariana.

Tareck El Aissami, un criminólogo de 42 años, juró el 4 de enero 2017. Debió dejar la gobernación del estado de Aragua para asumir el cargo. Su designación obedeció a un reposicionamiento interno en la coalición oficialista. Por un lado implica un endurecimiento. El Aissami, referente de una de las facciones más radicalizadas del régimen, también fue nombrado titular del Comando Nacional Antigolpe, que tiene la misión de achicar aún más los márgenes de acción de la oposición.

Por otro lado, su llegada revela un posible plan de largo alcance para reemplazar a Maduro, como lo sugirió el decreto por el que el presidente le delegó 14 atribuciones ejecutivas el pasado 25 de enero. Entre otras facultades, podrá reasignar partidas presupuestarias, dictar expropiaciones y nombrar viceministros. Para encontrar un antecedente de una medida de este tipo hay que ir a los últimos meses de vida de Hugo Chávez, cuando delegó muchas responsabilidades en Maduro, sabiendo que tarde o temprano iba a sucederlo.

«El Aissami ha ganado mucho poder en los últimos tres meses. Lo están preparando para una posible candidatura en el momento en que el Gobierno decida hacer elecciones. Puede ser el año que viene, como dice la Constitución, o incluso este año si hay algún cambio político, lo que parece menos probable. Pero creo que el partido no permitirá que Maduro sea nuevamente candidato, porque terminó siendo un lastre, aunque domine cierto sector», afirmó Domingo Alberto Sifontes, profesor de historia en la Universidad de Carabobo, consultado por Infobae.

Los principales analistas de la realidad política venezolana coinciden en que es muy difícil que la estructura de poder chavista le permita al presidente ir por una reelección. Sin embargo, también hay acuerdo en que no va a forzar su renuncia, como se pensó en algún momento.

«Estaba en el ambiente desde el año pasado la idea de que Maduro podía salir en cualquier momento, pero eso no ha pasado. El régimen se atrincheró para que eso no ocurriera. Yo no creo que el chavismo apueste ahora por un experimento tan arriesgado como ese. Perdería más de lo que ganaría porque estremecería las bases del sistema político y desataría un lucha interna por el poder», explicó a Infobae el politólogo Luis Salamanca, profesor de la Universidad Central de Venezuela.

«El nombramiento de El Aissami se produce por la permanente disputa de poder entre las cuatro facciones que hay al interior del gobierno. Estos grupos no tienen interés en sacar a Maduro en este momento, pero están preparando la sucesión, porque están convencidos de que no va a poder ser candidato otra vez», dijo a Infobae Gustavo Azócar Alcalá, magíster en comunicación política y gobernanza estratégica de la George Washington University y profesor de la Universidad de los Andes Táchira.

El mandatario lidera una facción que está cada vez más debilitada, tanto hacia afuera como hacia adentro de la coalición gobernante. Diosdado Cabello, ex presidente de la Asamblea Nacional, y Vladimir Padrino López, ministro de Defensa, están al frente de otras dos líneas internas. La cuarta es la del flamante vicepresidente.

«El grupo de Maduro es fundamentalmente civil —continuó Azócar—. Su apoyo fundamental es el régimen cubano, que de alguna manera ha tutelado a la revolución y que convencieron a Chávez de que lo nombrara. El de Cabello tiene un componente militar importante, e incluye a muchos de los que participaron de los golpes de estado de febrero y noviembre de 1992. El de Padrino López, que es estrictamente militar, controla gran parte del aparato gubernamental y hasta ahora ha sido el brazo armado que defiende a Maduro».

El meteórico ascenso de El Aissami rompió parte del equilibrio que existía entre las diferentes facciones y le dio una ventaja sobre sus competidores, aunque no decisiva. Si bien es un civil que empezó en política como líder estudiantil, lo acompañan algunos miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad. Su grupo se caracteriza por el extremismo ideológico.



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