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Tensión en Centroamérica: las anti-medidas del régimen de Daniel Ortega frente el coronavirus alarman a sus vecinos

19 abril, 2020

Daniel Ortega reapareció el miércoles en TV después de 34 días de ausencia en eventos públicos

Por Infobae

Nicaragua se ha vuelto un vecino incómodo en tiempos de COVID-19. Los países vecinos ven con malos ojos la ligereza con que el régimen de Daniel Ortega se ha tomado la amenaza de la pandemia. Temen que la falta de medidas de control para evitar el contagio provoque una explosión de casos que termine alcanzando sus países.

Nicaragua es hasta ahora el único país de América donde los niños siguen yendo a la escuela, que mantiene sus fronteras abiertas, y que, en sentido contrario a las orientaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), estimula eventos de concentración masiva en lugar del distanciamiento social que practica el resto del mundo.

“Nos preocupa la falta de distanciamiento social, la convocatoria de reuniones masivas; nos preocupan las pruebas, el rastreo de contactos, la notificación de casos”, expresó hace una semana sobre Nicaragua, Carissa Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Pocos días antes, la ex presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, pidió a la comunidad internacional que llame al gobierno de Nicaragua a tomar las medidas necesarias para evitar el contagio masivo de COVID-19.

Sobre su petición pública, la exmandataria, dijo: “No solamente lo he venido haciendo motivada por la angustia y el dolor que a uno le produce que el pueblo de Nic aragua esté en ayuno de respuestas efectivas, sino también por la preocupación en cuanto las eventuales repercusiones que una peste desbordada en Nicaragua puede tener sobre nuestro país”.

Chinchilla consideró que un desborde de casos desde Nicaragua hacia Costa Rica por la falta de medidas de control de su vecino “sería profundamente injusto, dado que aquí sí se han venido adoptando por parte de las autoridades sanitarias”.

Costa Rica cerró sus fronteras y playas, impuso una restricción vehicular y el cierre obligatorio de templos y cultos religiosos, entre otras medidas, para contener el contagio que hasta el viernes pasado alcanzaba 642 casos confirmados y cuatro muertos por este coronavirus. El gobierno costarricense advirtió a los extranjeros que perderían su estatus migratorio si salían del país. Esta advertencia estaba especialmente dirigida a los migrantes nicaragüenses, calculados en unos 400 mil viviendo o trabajando en territorio costarricense, y quienes tradicionalmente visitan a sus familias en Nicaragua para las vacaciones de Semana Santa.

En una entrevista con la cadena televisiva CNN en Español a principios del mes, el presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado, también manifestó preocupación por la forma como el gobierno de Nicaragua está encarando la pandemia.

«Vemos con preocupación ese abordaje porque las recomendaciones de la OMS son de distanciamiento social. Convocar marchas y aglutinamiento de personas va en contra de esas recomendaciones», afirmó Alvarado quien advirtió que si la epidemia se sale de control en Nicaragua, tendría consecuencias para toda Centroamérica.

El ex canciller nicaragüense, Norman Caldera, reconoce que Nicaragua siempre ha sido “un vecino incómodo” para Costa Rica por la migración que genera. “Tienen razón de estar temerosos. Si en Nicaragua se desata una hecatombe, las fronteras son porosas. Está de por medio la muerte de sus nacionales. Es una epidemia. Es una situación anormal”.

Señala Caldera, Canciller entre 2002 y 2007, que las diferencias entre países tradicionalmente se resuelven con llamadas o contactos entre las autoridades, pero la falta de respuesta de Nicaragua ha llevado a esos reclamos públicos, algo inusual en la diplomacia entre vecinos cordiales. “Cuando había crisis no faltaban las llamadas directas. Pero si ahora llaman y nadie contesta, ¿qué van a hacer?”, se pregunta.

Nicaragua y Costa Rica comparten 309 kilómetros de fronteras. El ex embajador nicaragüense en Costa Rica, Mauricio Díaz, considera que las fronteras son muy vulnerables y “el tránsito humano es muy fuerte” a pesar del cierre costarricense.

“La preocupación fundamental”, dice Díaz, “es que Nicaragua está contraviniendo las recomendaciones de Organización Mundial de la Salud. Aquí están actuando al revés, mientras las naciones del vecindario toman medidas restrictivas aquí más bien la estrategia es la contaminación, no la prevención”.

Sin embargo, oficialmente Nicaragua registra la menor incidencia del COVID-19 en toda la región. Hasta este sábado, el Ministerio de Salud (Minsa), registraba solo un caso activo, y dos muertos por COVID-19 de un total de nueve casos confirmados.

Mauricio Díaz ríe ante estas cifras. “La ventaja de este gobierno es que ellos manejan las estadísticas a gusto y antojo. Como no hay transparencia ellos pueden informar lo que quieran”, dice desestimando la información oficial.

No solo en Costa Rica hay inconformidad con el manejo de Nicaragua sobre la pandemia. El presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, también manifestó su desconfianza sobre los números nicaragüenses. “En el caso de Nicaragua nadie tiene la certeza de que lo que se esté diciendo sea la verdad. Nadie cree que Nicaragua tiene solo 9 casos, nadie lo cree. Los videos, la información de la gente que trabaja en salud pública que habla con la gente que trabaja en salud pública en Guatemala nos dice otra cosa”, dijo recientemente en el medio digital guatemalteco La Red.

Coincide con Giammattei el presidente salvadoreño, Nayib Bukele. “Habrá algún país que estará mejor que nosotros, sin duda. Muy probablemente hay otros países que presentan mejores cifras, pero simplemente porque no están midiendo como el caso de Nicaragua, por ejemplo”, señaló en una conferencia de prensa.

Aunque Nicaragua no ha respondido oficialmente a estos reclamos, si lo han hecho por diferentes vías altos personeros ligados al régimen de Daniel Ortega.

“Nayib Armando, no sé qué te pasa, vos sos Presidente de El Salvador, NO de Nicaragua, enfócate en tu país No en el mío. Como Empresario Nicaragüense te solicito hacer lo tuyo, o como decimos aquí, Zapatero a tu Zapato. Nosotros no opinamos del Tuyo. Respeto amigo”, respondió en Twitter el empresario sandinista Leonardo Torres.

Otro que respondió aireado fue el diputado Wilfredo Navarro. “Aquí hay presidentes como el loco Bukele, quien tiene hasta nombre de dictador africano, lo que hizo con El Salvador, vean como se ha disparado la incidencia de casos”, señaló ante periodistas.

Bukele, como es su costumbre, respondió por Twitter. “Un diputado “orteguista” llamándome dictador africano”, comentó en el video que reprodujo las declaraciones del diputado Navarro, para que su legión de seguidores se encargara de los reproches.

Al ex embajador Díaz le preocupa que se estén elevando los niveles de tensión entre los vecinos en estos momentos de pandemia mundial, a pesar que el 21 de marzo pasado, delegaciones oficiales de Costa Rica y Nicaragua se reunieron en Peñas Blancas, una localidad fronteriza, “para el reforzamiento de las medidas de prevención y vigilancia sanitaria en los puntos fronterizos”, según informó el gobierno de Costa Rica.

“Parece que la idea es convertir a Nicaragua en un país victima de la pandemia y después aparecer rogándole al mundo que le perdonen las sanciones, que les den más plata, que perdonen los compromisos financieros internacionales porque aquí estos ya no tienen nada que perder. Lo único que les queda es preservar todo lo mal habido, la riqueza acumulada”, considera Díaz.



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