Italia ofrece clases de natación a los refugiados que cruzaron el Mediterráneo

08 agosto 17

Italia sigue tambaleándose ante la llegada de miles de personas

Italia ofrece clases de natación a los refugiados que cruzaron el Mediterráneo

 

Por: Infobae

Messina, Italia – Abdoulie Jallow vive en la costa italiana, pero hasta hace poco, miraba el mar Mediterráneo aterrorizado.

A este gambiano de 17 años, el agua tan azulada le trae muchos recuerdos, sobretodo por la travesía que hizo desde Libia el año pasado. Salió a media noche en un bote poniendo su fe en Dios para llegar sano y salvo a tierra.

Ahora Jallow ha vuelto a sumergir los dedos de sus pies en el agua después de haberse apuntado a un curso de secundaria que prepara a los estudiantes para una vida en el mar. Su entrenamiento sobre natación y rescate tiene como objetivo calmar el trauma que, por lo menos, han sufrido 2,300 migrantes y refugiados este año.

Italia sigue tambaleándose ante la llegada de miles de personas, 7,000 en solo una semana, según las últimas cifras. Por eso, un creciente número de italianos han decidido encargarse de la situación en primera persona. Los jubilados han abierto las puertas de su casa para estos refugiados. Las iglesias han acogido a los niños. Y el Instituto Técnico Náutico de Messina, una ciudad costera muy arenosa, está tratando de ayudar a los adolescentes para superar el miedo al agua en una región donde la mayoría de los trabajos están ligados al mar.

La iniciativa surge a medida que la sociedad italiana se muestra más escéptica sobre la aceptación de los inmigrantes después de que, durante muchos años, hayan recibido grandes oleadas de inmigración. Ya que los políticos partidarios de la inmigración quedaran fuera de sus cargos tras las últimas elecciones locales, los líderes del país han propuesto prohibir la entrada de muchos de los barcos de rescate en los puertos italianos. La administración italiana se ha unido a la guardia costera de Libia para interceptar y devolver a los inmigrantes a un país destrozado por el conflicto. Muchos migrantes, la mayoría de ellos del África subsahariana, confiesan haber sufrido muchos abusos, sobretodo de esclavitud.

La fría acogida mete más presión a los esfuerzos que hacen los pueblos como los de Messina, una ciudad portuaria a muy poca distancia del continente.

«No podía irme muy lejos cuando me metía en el agua, porque sino era posible que no regresara. Pensaba cosas malas», explica Jallow.

El programa arrancó el pasado mes de mayo y pretende enseñar primeros auxilios y habilidades básicas de rescate y de buceo a docenas de adolescentes que comparten dormitorio en la basílica de San Antonio, en Messina. Todos ellos son jóvenes y adolescentes que proceden del África subsahariana. Algunos huyeron de las guerras, otros de la pobreza. Pero todos ellos hicieron el triste viaje a través de Libia, donde muchos son forzados a trabajar, son encarcelados y maltratados.

Los adolescentes son el grupo más vulnerable de personas que entra a Italia: están aislados de sus familias y son obligados a negociar con contrabandistas y traficantes. También deben enfrentarse a varios peligros mientras que los jóvenes de su edad, en Estados Unidos, se preocupan por el baile de graduación. Este año, el 14 por ciento de todas las llegadas al mar en Italia han sido realizadas por menores no acompañados, según cifras publicadas por el Ministerio del Interior italiano. En total, más de 83,000 personas llegaron al país durante el primer semestre de 2017, lo que supone un aumento del 19 por ciento respecto al mismo período del año anterior. Se calcula que más de 600,000 migrantes han llegado a Italia en los últimos cuatro años.

«En Gambia no iba a la escuela, no estaba haciendo nada, siempre había problemas», relata Jallow mientras cuenta su largo recorrido por Senegal, Mali, Burkina Faso, Nigeria y el desierto de Libia para llegar, finalmente, a Trípoli.

Su madre es ciega y, según dice, no tiene más familia. Su objetivo es convertirse en jugador de fútbol profesional en Italia para poder enviar dinero a casa.

En Trípoli las autoridades lo detuvieron y lo metieron en la cárcel.
«En la prisión fue muy complicado, siempre te daban golpes, no podía dormir y no había comida suficiente para todos», agrega el joven, que admite que se escapó después de vivir dos meses en ese calvario.

Los instructores italianos dicen que no se quieren quedar sentados mientras siguen llegando más personas de fuera a la ciudad.

«Han tenido una experiencia traumática con el agua y el mar para nosotros significa dinero y buenos trabajos. Es importante transmitirles una buena imagen del mar, porque muchos de ellos tienen miedo», expresa Giuseppe Pinci, uno de los instructores de buceo.

Pinci explicó que no tuvo paciencia después de ver cómo los líderes italianos habían tropezado de esta forma con la cuestión migratoria.

«El problema está aquí y ahora mismo, es la vida real. Los políticos hablan y hablan durante muchos años, y mientras tanto tenemos que vivir», manifiesta él.

Tras las últimas elecciones, celebradas hace pocas semanas, las fuerzas antiinmigrantes de Italia parece que están en aumento. Incluso los líderes que antiguamente se mostraban en el centro, ahora han hecho un movimiento brusco hacia la derecha en un intento de capturar el estado de ánimo actual.

El ex primer ministro italiano de centro izquierda, Matteo Renzi, dijo en un libro que «no tenemos el deber moral de acoger a personas en Italia que están peor que nosotros». Ese comentario provocó una gran controversia en su partido, que espera volver a ganar las próximas elecciones, previstas para la primavera de 2018.

Los líderes italianos se han propuesto diseñar un código de conducta para los buques de rescate operados por asociaciones no gubernamentales. La normativa restringiría las acciones de las tripulaciones, como la exhibición de bengalas durante la noche que serviría de señal para otros barcos que estén perdidos en el mar divagando por las aguas costeras libias.

Etiquetas de esta nota