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Por qué Turquía está cada vez más encerrada en una espiral de violencia y terrorismo

08 enero, 2017

Tras años de ser un país tranquilo en una región convulsionada

Tomado de Infobae 

Entre enero de 2016 y enero de 2017 se produjeron 23 atentados terroristas con víctimas mortales en Turquía. El saldo fue de, por lo menos, 365 muertos. Comandos kurdos protagonizaron nueve, en los que murieron 169 personas. Estado Islámico (ISIS) se atribuyó seis, que se llevaron 152 vidas.

Uno de los grupos más activos fueron los Halcones de la Libertad de Kurdistán (TAK), un desprendimiento del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), la histórica organización armada que combate al estado turco en busca de la independencia. Su golpe más mortífero fue un doble ataque con bombas caseras que mató a 44 personas el 10 de diciembre en los alrededores de un estadio de fútbol en Estambul. El 13 de marzo asesinaron a 37 personas al hacer estallar un auto en Ankara.

«Turquía ha sido históricamente escenario de violencia política. Desde 1960 los militares intervinieron cinco veces en política. Los 70 se caracterizaron por la violencia de grupos extremistas de izquierda y derecha, lo que llevó al golpe de 1980. Desde entonces, el PKK entró en una guerra con el estado turco que dejó unos 400 mil muertos. Es cierto que la última década fue más pacífica, gracias a las negociaciones entre el estado y las organizaciones kurdas. Pero el Gobierno y el PKK decidieron romper el diálogo.

Entonces empezó una política represiva que fue contestada por ataques terroristas», explicó Dietrich Jung, profesor del Centro de Estudios Contemporáneos sobre Medio Oriente de la Universidad del Sur de Dinamarca, consultado por Infobae.Este es un conflicto viejo para Turquía, que tras algunos años de calma, se agudizó en 2016. La novedad que se sumó ahora fue el desafío de ISIS. «Sus blancos son los sectores más progresistas, como los alevíes (rama del islam chiita), los kurdos y los izquierdistas.

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La primera razón es que las fuerzas kurdas en el norte de Siria desafiaron a ISIS. Segundo, Turquía se involucró en Siria con una política demasiado aventurada, sin una mirada de largo plazo, que a mi juicio fracasó estrepitosamente», dijo a Infobae Bahar Baser, investigadora del Centro para la Confianza, la Paz y las Relaciones Sociales de la Universidad de Coventry, Reino Unido.

«Ciertamente —continuó— Estado Islámico percibe que la alianza de Turquía con la comunidad internacional es una amenaza a su existencia, y está tratando de enviar un mensaje claro, de mostrar que puede operar en su territorio sin dudarlo. Es escalofriante. También es necesario notar que ISIS tiene una base de simpatizantes en Turquía, que celebran sus masacres».

ISIS ejecutó su peor atentado el 20 de agosto en Gaziantep, cuando un niño con un cinturón de explosivos se inmoló en una boda kurda, asesinando a 51 personas. El segundo más letal fue el tiroteo en el Aeropuerto Ataturk de Estambul, el 28 de junio, que dejó 44 muertos. El tercero fue la masacre del 1 de enero a la madrugada en el exclusivo Club Reina, en Estambul, que acabó con 39 fallecidos.

«Si bien inicialmente el gobierno de Recep Erdogan tenía dudas, y puede que hasta haya colaborado con ISIS, terminó combatiéndolo, con lo que creó otro enemigo significativo. Dudo que las cosas puedan cambiar demasiado, a menos que Erdogan reconozca que debe modificar el abordaje, específicamente hacia la minoría kurda.

El eventual deceso de Estado Islámico puede que reduzca los atentados. Pero no creo que esto vaya a ocurrir al mismo tiempo», dijo Alon Ben-Meir, experto en Medio Oriente del Centro de Asuntos Globales de la Universidad de Nueva York, en diálogo con Infobae.Un gobierno fuera de control.

En este escenario de violencia terrorista en aumento se produjo el intento de golpe de estado comandado por un sector de las Fuerzas Armadas, que fue sofocado el 15 de julio. Los enfrentamientos se extendieron durante todo el día en las principales ciudades del país y causaron 270 muertos. Sumadas, las víctimas del terrorismo y de la asonada militar ascienden a 635.

«El partido gobernante está decidido a cambiar el régimen para aferrarse al poder y asegurar que Erdogan gobierne hasta su muerte —dijo Baser—. No están tratando de salvar al país, están tratando de salvarse a ellos mismos, mientras el país se convierte en un barco que se hunde. Después del golpe empezaron a atacar a la oposición más de lo que se ocuparon de prevenir el crecimiento de ISIS en el territorio. Académicos, periodistas, jueces y cualquiera que sea crítico de régimen es arrestado o debe escapar del país. Los que se quedan practican la autocensura».

Los atentados y la inestabilidad interna del gobierno son dos problemas distintos, está claro. Pero se están retroalimentando con creciente intensidad. «La situación de la seguridad se ha deteriorado extremadamente después del golpe. Las purgas entre los miembros de la Justicia y de las Fuerzas de Seguridad han debilitado seriamente las capacidades del estado turco para combatir el terrorismo», afirmó Jung.

La visión polarizada y autoritaria de la política le impide a Erdogan tener la lucidez para encarar esta crisis con pragmatismo. Al no poder corregir los errores porque eso podría ser visto como una muestra de debilidad, su gobierno languidece.

«La cantidad de ataques que se produjeron en los últimos dos años muestran que Turquía está sufriendo de fallas en su inteligencia. Pero las autoridades no quieren hacerse responsables. Ningún ministro ha renunciado por estos atentados. Esto no ocurría en ningún país democrático. El arresto y la suspensión de policías y de militares tras el levantamiento impulsó la entrada de cuadros nuevos, que pueden no tener las habilidades necesarias para combatir estas amenazas», destacó Baser.

Los efectos de esta debacle ya se sienten con fuerza en la economía. Un potente indicador es lo que sucedió con el turismo, una de las principales fuentes de ingreso para el país. Tras un 2015 en el que se había reducido 1,36% porque ya se empezaban a ver las nubes de tormenta, datos provisionales del Ministerio de Cultura y Turismo hablan de un derrumbe mayor al 30% en 2016.

Eso significa una caída total de los beneficios estimada en más de 14 mil millones de dólares, según la Asociación turca de Inversores Turísticos.Un 2017 que puede ser aún peor.

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«La violencia desencadenada por el PKK podría ser contenida si hubiera un nuevo proceso de paz —dijo Baser—. Aislar a los kurdos, que son casi el 25% de la población, y amenazar a otros grupos religiosos como los alevíes en nombre de esta ‘Nueva Turquía’ que han creado no va a llevar a ningún lado.

La violencia relacionada con ISIS es complicada, porque está conectada con los acontecimientos en Siria. Es probable que haya muchas más células dormidas en el país. 2017 será un año duro para Turquía».

Ningún observador mínimamente centrado encuentra argumentos para pensar que el caos y la violencia vayan a disminuir este año. Es más, todo apunta a un aumento de las muertes, de la represión descontrolada y de la incertidumbre.

«No espero muchos cambios en 2017 —dijo Jung—. Al contrario, la situación puede empeorar. En algún punto, la continuidad de la crisis sirve al intento de Erdogan de cambiar el régimen político turco de una democracia parlamentaria a un presidencialismo plebiscitario. Sin embargo, está caminando en la cuerda floja, lo que a fin de cuentas puede llevar a la destrucción de su propia fuerza y de sus ambiciones autoritarias.

El resultado de sus decisiones es contingente a muchos desarrollos que escapan a su control, en particular Siria, el futuro de la política de Estados Unidos frente a Turquía y la crisis económica que ya comenzó y que será más intensa este año».

Ben-Meir fue mucho más drástico. Para él, mientras Erdogan y su proyecto político se mantengan en pie, es prácticamente imposible que Turquía pueda salir del atolladero en el que está. «Al declarar el estado de emergencia —dijo—, Erdogan se dio a sí mismo licencia para violar los derechos humanos.

Ha empujado al país consistentemente hacia un mayor islamismo, a través de la educación, construyendo nuevas mezquitas y alentando a los imanes a predicar el evangelio del islam como un modo de vida. Habiendo encarcelado a más de 100 mil personas y violado todos los principios democráticos, no parece que mucho pueda cambiar hasta que Erdogan no se vaya de la escena política turca».



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