Pequeños comelones.

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Algunos papás sienten una obligación tan fuerte por lograr que sus hijos coman, que no les parece alarmante si el menú solo incluye hamburguesas, papás fritas o helados. Al final lo importante es ¡que coman!

Pero ¡atención papás! porque si esta es su idea de una buena alimentación, le avisamos que está llevando a sus hijos por una peligrosa ruta hacia la obesidad y las inevitables enfermedades de adulto.

Las estadísticas mundiales demuestran que los padres ignoramos la importancia de que los niños NO consuman más cantidad de alimentos de la que necesitan. Sobre todo porque su alimentación es muy rica en grasas, azúcares, alimentos precocinados, comidas rápidas y dulces. Es clara la ausencia de vegetales, verduras y ensaladas.

Los errores en la alimentación de los niños son tan frecuentes que los perdemos de vista y los repetimos sin piedad. Solo un ejemplo: el desayuno es una de las comidas más importantes del día, y por las carreras de la mañana es la que menos tiempo y dedicación recibe.

A este error se suman otros, que por su importancia debemos analizar y corregir:

1. Presionarlos para que prueben los alimentos. La mejor conducta es animar al niño a que pruebe el alimento nuevo y no molestarse si lo rechaza pero tampoco elogiarlo si lo come. Por lo general, es necesario presionar a los niños para que prueben algunos alimentos. Sin embargo, la insistencia de los padres hace que los niños rechacen esos alimentos. No intente premiar a su hijo porque comió vegetales, eso le dará la sensación de que “son tan malos que deben recibir algo a cambio por comerlos”

2. Darse por vencidos. Está comprobado que  es necesario hacer 10 ó más intentos para que un niño acepte un alimento nuevo, así es que NO se dé por vencido. Aproveche los “Puentes Alimenticios”. Si a un niño le gustan los frijoles, intente que coma garbanzos o lentejas. Son parecidos en consistencia, sabor e incluso color. Poco a poco, se irán expandiendo sus gustos.

3.  Jugos envasados. Un gran error es pensar que los jugos envasados son una buena opción para un niño. Su aporte en fruta es menor al 10% y excesivas las cantidades de azúcar y vitaminas artificiales . Por eso prefiera la fruta fresca, porque incluso con el jugo natural hecho en casa, su hijo está dejando de percibir la fibra que tanto necesita para la buena digestión y el control del peso.

4. Cereales azucarados. Otro tema son los cereales azucarados o chocolatados en el desayuno y que tanto gustan a los niños por su sabor y por los dibujos de la caja. A pesar de tener como base trigo, arroz o maíz, estos cereales están cargados de azúcar, miel y chocolate, lo que aumenta su energía pero no los nutrientes.

5. Confites y repostería. Son productos que por ser suaves frenan el desarrollo bucodental del niño. No trabajan dientes, mandíbulas, músculos de la cara y tampoco fortalecen dientes y encías con la masticación. Todo lo contrario, por ser ricos en azúcares, propician la caries.

6. Servir vegetales “aburridos”
Muchos padres dan a sus hijos vegetales hervidos, que les resultan poco apetitosos. Es una buena estrategia diseñar personajes divertidos o añadir a esos vegetales un poco de mantequilla, aderezos o queso para mejorar el sabor.  

¡Nunca olvide que...!  Hacer partícipes a los niños en la cocina y en la elección y manipulación de los alimentos es beneficioso, pero no les de total libertad, pues de seguro elegirán una alimentación poco saludable.  

Piense en su salud y no en satisfacer caprichos. Demos el ejemplo y cuidemos nuestra alimentación porque la educación alimentaria es obligación de los padres.

Texto adaptado/ Dirección Revista De Mañana con Monumental.

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