jueves, 29 de julio de 2010
San José, CRC aaguilar@monumental.co.cr
Atención – concentración y rendimiento deportivo
Pedro Ureña Bonilla
Los procesos atencionales están íntimamente relacionados a la capacidad de rendimiento de los deportistas. De manera que, si el deportista tiene poca capacidad atencional, difícilmente logrará alcanzar grandes metas.
La atención como proceso, tiene que ver con la capacidad del deportista para hacer conciencia de los diferentes estímulos que lo rodean. Esto significa que, en el caso de un futbolista, es imprescindible que éste tenga conciencia de la ubicación dinámica de los elementos centrales del juego, a decir, el balón, los rivales, los compañeros. Esto representa una exigencia importante para la atención del deportista.
En el mismo contexto de los procesos atencionales, la concentración tiene que ver con la capacidad del deportista, para focalizar la atención en pocos estímulos. Es decir, se trata de una atención concentrada (en estímulos relevantes). Esta capacidad juega un papel central en la anticipación de las acciones del rival. Por ejemplo, en un mano a mano entre portero y atacante, tendríamos una focalización absoluta de la atención, es decir, una máxima concentración.
Entre algunos indicadores conductuales significativos de una atención adecuada se tienen:
a) Después de una falta en contra, el deportista no protesta contra el árbitro.
b) Ante una falta en contra, el jugador se coloca inmediatamente ante el balón.
c) El jugador escucha con atención las indicaciones del entrenador.
d) Después de perder el balón, el jugador recupera rápidamente su posición (ajuste táctico).
e) El jugador es bueno para realizar faltas tácticas.
f) El equipo no se descompone tácticamente después de anotar un gol o viceversa.
g) El jugador manifiesta haber tenido la sensación de que el juego duró poco (rasgo propio de la sensación de flotar)
h) El jugador siempre está bien ubicado tácticamente.
i) Difícilmente cae en el fuera de juego.
j) El jugador normalmente llega a tiempo a los balones divididos.
Estos, entre otros comportamientos podrían servir como guía para que los entrenadores identifiquen debilidades en la concentración de los deportistas, y puedan diseñar formas de entrenamiento que ayuden a fortalecer esas deficiencias. La clave está en el nivel que conciencia que se logre inculcar en el deportista. De manera que, el entrenamiento debe ser algo muy conciencia y racionalmente procesado, no algo automático e irreflexivo.